Tropicalismo intimista

F. D.

En alguna de las turbulencias típicas de su etapa actual como funcionario de Lula, Gilberto Gil debe haber añorado la placidez de Gil Luminoso - Voz & violao, el disco que grabó en 1999 y acaba de reeditar aquí el sello Random Records. Más que la placidez, tal vez, habría que hablar de la intimidad y el recogimiento, atributos incompatibles con las urgencias de escritorio que lo atrapan por estos tiempos. En Gil Luminoso el músico bahiano reunió, con la mano sabia de Bené Fonteles como productor, canciones de diversas épocas, géneros y estilos, atravesadas por un único vector anímico: la condición de que pudieran ser reducidas a su mínima expresión. Sus melodías, despojadas de todo manierismo tropicalista, aparecen sustentadas sólo por su voz y su guitarra.

No debe entenderse este CD como una recopilación más de Gil. De hecho, es lo menos parecido a un greatest hits. No están aquí ni “Aquele abraco” ni “Soy loco por ti, América”, sino pequeñas gemas afines entre sí, como “Retiros espirituais”, “Meditacao” (del disco Refazenda, de 1975), “Aquí e agora” (de Refavela, 1977). El disco entero (que incluye también notables composiciones como “O compositor me disse” o “Cérebro eletronico”) luce como el retiro espiritual de un músico demasiado inquieto. Alguien a quien le cabe, en definitiva, la sentencia de Caetano: “Gil cree en Dios; yo creo en Gil”.



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in Clarín - Argentina, 11.10.2006
 
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